lunes, 5 de julio de 2010

Campamento De Verano.... ¿Tortura Infantil?



En estos meses de verano, hay que colocar a los enanos en algún lado, en nuestro caso trabajamos los dos y nos resulta muy complicado eso que llaman conciliar.

Este año, como los dos anteriores, los hemos "colocado" en un campamento de día, con muchas actividades que en principio hacen muy apetecible el plan... pero... ¡no todo es armonía en el paraíso!

Hoy se ha levantado la pequeña diciéndome que no quiere volver a campamento, lloriqueando y pidiéndome que no la llevase, me he negado en principio, y ella ha empezado con el plan B...

- papá, me duele la tripa...
- a ver hija, ¿donde te duele?
- aquí papá (señalándose el ombligo)
- ¿y si no vas al campamento?
- entonces no me duele
- !ja!.... ¡te pillé!

Salimos todos al campamento y en las puertas empieza la llantina... sin convicción.... pero a mi me llega al alma....

No es por verla llorar, la verdad es que soy casi inmune a ese tipo de chantajes, es por mi propia experiencia.... de pequeño....

Pues si, os lo voy a contar.... debía de tener como seis o siete años, era un tierno infante, cuando mis padres me "largaron" quince días a un campamento de verano en la sierra de Madrid, pero un campamento de los de mochila y esas cosas....

Mochila, saco de dormir, ropa de campo, botas "chiruca", una armónica..... por supuesto todo ese equipo a estrenar.... y al autobús que nos llevaba al campamento.

No recuerdo muy bien nada de entonces, de lo que si me acuerdo es que como a la semana vinieron los padres de visita, y cuando yo vi a los míos me puse a llorar como loco y me metí en el coche con la esperanza de que me sacasen de ese infierno... por otra parte inútil....

El motivo fundamental de mi llanto, es que nadie, y digo nadie, me había enseñado a atarme los cordones de las botas, y desde el primer día no pude quitarme las jodidas "chiruca".

Como os podéis imaginar, cuando fueron extraídas las botas de mis pies, los calcetines esos de montaña formaban parte de la piel, y el olor debía de ser infernal, aunque de esto no tengo recuerdos la verdad, pero os doy mi palabra que no volví a ponerme botas de montaña hasta que cumplí los treinta años....

Finalmente el trauma no ha sido excesivo, odio las "chiruca", las armónicas (que nunca supe soplar), los fuegos de campamento, y por extensión a la gente que va con la guitarra al campo.

Hijos míos, solo espero que estas experiencias no os generen traumas, y si tenéis algún tipo de problema, pedir ayuda.... ¡eso me costo un huevo aprenderlo a mi!