miércoles, 25 de noviembre de 2009

El Churrero



Hay cosas que la globalización no ha podido gestionar bien, una de ellas, y para mi la más sangrante es la de los churreros. Recuerdo las mañanas de los domingo, con mis padres y hermana ir a comprar churros al CHURRERO. Era un local pequeño, alicatado hasta el techo, y con una gran vitrina donde el tío dejaba los churros que estaba preparando, en el otro lado de la barra de despacho había otra vitrina similar con el gran objeto de deseo, las patatas y los ganchitos.

Me estoy acordando de un día en que que me puse burro a pedir un kilo de ganchitos, mis padres trataban de explicarme que eran muchos, y yo erre que erre que quería un kilo, ni uno menos. Mi padre, hasta los huevos de mi me lo compró, y me dijo que como no me los comiese me oiría..... y cualquiera lo oía.....

Pues salia yo del churrero aún lloroso y con una bolsa de esas de papel bastante más grande que yo, comiendo uno a uno como tres millones de rojos elementos....... y joder si me los comí.... ¡pá burro yo!

a lo que iba, cerca de casa cada invierno montan una churrería de esas portátiles, hace unos años lo regentaba un señor que debía de ser churrero de los de toda la vida, solo que con visión comercial, (creo que tiene como seis remolques por la zona), y la verdad es que la calidad de los churros era más que aceptable. Hace ya un par de años, el tío no aparece por aquí, tiene unos empleados que son sudamericanos, y que de churros saben los justo. La calidad no es mala, pero tiene unas costumbres que me llaman poderosamente la atención, por ejemplo, esta mañana, después de desayunar nos apetecían unos churritos, me he acercado a comprar media docena de churros y otra media de porras, cuando me he bajado del coche me encuentro a tres personas atendiendo el mostrador, unas bandejas con unos churros y unas porras,con una pinta muy apetecible, nos saludamos cortesmente, pido mis cosas y espero que embolsen los churros y las porras de las fuentes.... ¡pero no!. Uno de ellos se pone a hacer las porras y los churros, pero no mis seis, sino una rosca completa de porras y como una docena de churros, mientras yo espero otro se dedica a vaciar los churros y las porras de las bandejas y ha dejarlas inmaculadas, mientras el otro ((chiste fácil, que debía de llevar más tiempo en España)), veía a los otros dos currar ((jajajajjaja, ¡espera que me troncho!)).

Con el frió que hacia, mientras miraba a los tres empecé a reflexionar en el precio del churro, si por cada seis unidades tienen una merma de otros seis, a tres euros la media docena.... con tres personas en en puesto..... ummmmm, como que no me salen las cuentas.....