lunes, 6 de abril de 2009

Aquel Porsche Blanco (4)





=== YO ===
Pararon a tomar un café en una gasolinera, aparcó cuidadosamente a la sombra y orgulloso, Martín bajo del coche. Pati aprovechó a ir al baño y quedaron en la cafetería. Mientras esperaba los cafés, volvió a sentir una superioridad irracional, desde la ventana se veía el reluciente Porsche. Hace dos años se enrollo con Pati, le gustó la experiencia pero no llegó a cuajar, se gustaban, eso era indudable, pero eran amigos desde hacia muchos años, casi toda la vida, y prefirieron que no cambiase la situación.

Pati le sobresalto con un beso en la nuca, ese tipo de familiaridades le hacia muy feliz. Se tomaron el café y charlaron relajadamente de varias cosas. Después perezosamente subieron al coche y continuaron el viaje.

Al volante, Martín iba siempre callado, no es que estuviese muy concentrado en la circulación, simplemente le gustaba escuchar los sonidos del coche, le gustaba pensar en sus cosas mientras devoraba kilómetros, en este momento especulaba con una vida junto a Patricia, ¿cómo sería su futuro?, empezaba a sentir que la soltería debía dejar paso al matrimonio.

...x...

=== EL OTRO ===
Pascual bajó al camarote a ponerse el traje de agua, las nubes negras traían un viento muy fuerte y el frío junto con la humedad calaba los huesos. Una actividad frenética se apreciaba en todo el barco, de repente todo el mundo realizaba labores que tenían somatizadas con una destreza envidiable, Pascual se sintió un poco perdido, su falta de experiencia se hizo patente y decidió bajar a preparar los turnos de comida.

Preparó la comida para todos y cuando finalizó su guardia se fue a despertar a Zoraida, que ocupaba su litera compartida en ese momento. Ella era la única mujer a bordo, su misión principal era la de táctico. Pascual la admiraba por la fortaleza que demostraba en situaciones criticas, era muy morena y pequeña, y aún así lideraba el grupo de navegantes con una gran soltura. La ofreció un café humeante y la puso al día de las cuatro ultimas horas, esa era la media de horas de sueño al día.

Entre los dos habían conectado, y esta conexión hacia de vínculo con los demás miembros de la tripulación, ella le ayudaba en todo lo que podía y Pascual la obedecía como a un mentor. Mientras Zoraida se tomaba el café y unas galletas ojeo el parte meteorológico en el ordenador de la mesa de navegación y rogó a Pascual que descansase bien ya que se preveía mucho ajetreo en las próximas horas.

La cama estaba caliente y Pascual se acomodó como pudo, estaba reventado y no tardó en conciliar el sueño pese a la gran escora con la que navegaban. Antes de dormirse, volvió a acordarse de Susana.

(continuara)