viernes, 26 de febrero de 2010

La Apriorística imprencisdibilidad De Las Cosas



Desde que me casé tuve siempre muy claro que quería ayuda en casa, eso de currar todo el día y encima pegarse la paliza en casa no me convence. Es porque soy hombre, ¡claro está!, y por condición nuestro estándar de limpieza es prácticamente nulo, cualidad generalmente no compartida con nuestras mujeres. Por lo visto lo de vivir en una cochiquera no las va, ¡que gente tan rara!.

Pues después de una "pechá" de años nos hemos quedado sin chica, y por supuesto sin previo aviso, ¡vamos!, a traición, ... y los niños preguntan.... ¿por qué no duran para siempre las cuidadoras?, ....y a ver que contestas......

En fin, la semana que vine comenzará la tediosa búsqueda, aunque he de reconocer que cada vez con menos ganas, incluso nos planteamos coger a una chica por unas pocas horas al día, para adecentar la casa y plantar.... cosas de la edad.

Pero el caso es que lo que peor me sentó de todo es cuando el miércoles pasado me comunicó que se piraba la tía, llegaba de comer del "eatsandtwitts", relajado, y nada más abrir la puerta de casa me dice,

-señor, ¿puedo hablar con usted?
-si claro (con el traje a medio quitar)
-lo que le voy a contar no se lo va a creer..

¡cuanta razón tenia!, no me creí ni una sola de sus palabras, empezó a soltarme una trola inmensa, y como no la tenia muy elaborada se iba haciendo un lío y la trola empezaba a adquirir un tamaño épico.... y seguía.... y seguía....

¡¡con su pan se lo coma!!, la putada ya está hecha, y desde luego no hay mal que por bien no venga, gracias a Dios ya hemos pasado la etapa critica con los críos y ahora empieza a darme igual el estar unos días haciéndome la cama.

Moraleja: las trolas cierra puertas, las nuestras las has sellado.