miércoles, 9 de junio de 2010

¿María qué?... ¡María Fontaneda!





Si de algo soy fiel seguidor desde hace años es de las galletas María, pero no las de cualquier marca, las de "María fontaneda".

Desde muy pequeño me gustaba coger mi tazón de leche de medio litro y llenarlo de galletas hasta que se hacia una masa que se podía comer con tenedor.

Sin embargo, últimamente me tienen muy disgustado, desde que empezó esto de la crisis, aquí se apunta todo el mundo al carro. Si os fijáis en el anuncio, aparece una caja de cartón, la de toda la vida... ¿toda la vida?, pues NO, hace ya unos meses, cambiaron a un envase más económico que es una especie de funda de plástico. Al principio de sufrir este cambio, la mayoría de las galletas venían rotas, con lo que quedaban inutilizadas y pasaban a formar parte de un poso milenario en el tarro de las galletas. Puede parecer una chorrada, pero no me gusta comer una galleta rota. Es lógico, la manipulación de las cajas no suele ser cuidadosa, y sin protección se rompen. Alguien se debió de dar cuenta de esto y lo que hicieron fue cocer algo más las galletas, lo cual me mosqueó aún más, ya que los tiempos de disolución acuñados durante más de treinta años cambiaron, y mi mecánica de comer galletas está en pleno proceso de adaptación.... ¿por qué tengo yo que adaptarme?, ¿no será mejor cambiar de marca?...

Y el caso es que me da pena, mucha pena, pero cada día estoy más convencido de que el cliente ha de ser mimado.

Todo esto que he contado no está contrastado, es tan solo mi experiencia con una marca de la que soy fiel consumidor desde que tengo uso de razón, y la verdad con 44... ¡me cuesta mucho cambiar! :))