
Imagino que a todos nos pasa, las navidades son un cúmulo de sensaciones que tienes sus propios ciclos. El primer ciclo, y del cual yo en primera persona no me acuerdo es el de la infancia, todo ilusión, alegría, felicidad inconsciente y esas cosas... aunque repito, yo no me acuerdo.
Luego viene la adolescencia, la sensación de libertad, y por consiguiente la oposición a las costumbres de tus padres y familiares. El sentimiento de rechazo al significado de estas fechas se arraiga en el corazón de sujeto en análisis.
Se conoce que maduramos, nos casamos y disfrutamos de los primeros años de matrimonio sin hijos en los cuales en estas fechas se empieza a organizar el resto de la vida, las navidad con mis padres y fin de años con los tuyos, ¿en reyes como lo hacemos?, ¿en tu casa se celebra años nuevo?.... la verdad es que en estos momentos no andamos para zarandajas, y tratas de acoplarte lo mejor que puedes a las tradiciones de los demás.
Y luego vienen los niños, entonces es cuando la NAVIDAD se introduce en tu casa y se muestra en toda su crueldad, de repente las fechas señaladas son señaladas de verdad, el tema de los vales o ya te compraré no se pueden usar, y el estrés entra en nuestras vidas. Aquí es donde se demuestra efectivamente la capacidad del ser humano para sobrevivir.
Y aquí me encuentro yo, intentando buscar algún sentido a este tinglado, excepto lo obvio, las vacaciones, todo lo demás se me hace artificial, y por lo tanto falso y carente de sentimientos. Y no estoy diciendo que haya gente que pueda sentir la navidad como la sentían mis padres o mis abuelos, pero sin duda son los menos.
Pero esto es la vida, hay que adaptarse, y hago todo lo que digo que nunca haría solo porque a mis niños les encanta, aprendo villancicos, decoramos un árbol en familia, damos aguinaldos, salimos a ver las luces en Madrid, vamos a ver belenes tradicionales.....,¡vamos!, ¡¡todo el kit!!
Y disfrutando, ¡¡que es como hay que hacer las cosas!!
Mis recuerdos infantiles navideños son tan emotivos que creo es lo que me hace seguir viviendo estas fechas con ilusión. Es verdad que cuando te casas y no tienes hijos le restas importancia y te limitas a disfrutar de unas merecidas vacaciones de invierno. Pero llegados los hijos, la emoción vuelve a la casa y yo aquí estoy haciendo un spring para poner el árbol de Navidad, decorar la casa e intentar transmitir a mis hijos el espíritu de la Navidad. Seguro que ellos tendrán un buen recuerdo y cuando creen su propia familia recordarán con cariño estos años.
ResponderEliminarJoder, si, es cierto... como vamos viendo todo este pifostio de diferentes maneras según vamos creciendo. Y de un año a otro hay bolas de colores, y alguna sonrisa se tuerce en agua de sal, y falta gente... Y todo te parece un poco más falso y como del Corte Ingles.
ResponderEliminarCarpe Diem
a mi las navidades me traen mala suerte, como el resto del año
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